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Los primeros relatos fantásticos nacieron antes de la primavera del 2009, aún con el aroma del invierno triturando hojas dispersadas por el viento...

Todos ellos comenzaron a brotar de modo sorpresivo dejando huellas en el papel y luego anclaron aquì, en esta pantalla que tu lees...

Stella Maris Taboro

Relatos fantásticos te dan la bienvenida......

Donna dentro nelle storie...Noviembre 2009




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domingo, 6 de abril de 2014

La carta

                   Sentada... frente a la ventana que estaba más iluminada en aquella habitación,  Isolda  Devillle  leía: "Cumbres borrascosas".    En la nutrida biblioteca de su padre, su mirada   se posaba en este libro,  tal vez...  porque en aquellos viejos anaqueles, advirtió que el lomo de ese libro, estaba más envejecido  que los demás.             El viento movía la cortina de gasa transparente mientras  
regalaba,  en  la sala, figuras mitológicas que vivían sólo un instante.
      Isolda sentada en el sillón  de rojo paño, estaba  tan compenetrada en la lectura, que no advirtió la presencia de un sobre de papel depositado en el piso de mosaicos antiguos. No llevaba remitente, pero junto  al membrete, un arabesco  rodeaba su nombre: "Isolda",  como si lo acariciara.  
           Cuando el  sol  hirió sus ojos  marrones, ella parpadeó y buscó otro lugar donde sentarse para abrir la carta, lo hizo casi con desesperación, rasgando el papel carta de colo rosa de su interior.
             Los ojos  de Isolda  leían y   releían  aquellas letras, donde la palabra "Franchesco" ocupaba el último renglón. Ella no lo conocía, pero sí su sentimiento  profundo, que florecía en cada línea   de la misiva:
 "Tierna centella, de   tierras  y  mares,    no quieras que el hielo apague el fuego que en mí, has encendido. Abre la ventana de tu alma para entrar  y así poder hacerte feliz. Bajo la piel de tu tierra sembraré las semillas  del  amor. 
Te ví aquella tarde  de abril  a orillas del río  Yuspe y  fuiste un pétalo suave que anidó en mi corazón. Las tormentas  desaparecieron   de  mi vida y un  sendero de nácar se abrió entre tu alma y la mía". 
La carta terminaba  con una invitación,  una cita a las 8 de la tarde  junto a la cascada que decoraba el centro de la plaza principal  de la ciudad de Cuesta blanca...

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