Y yo caminaba por la gran ciudad-----------------------------------------------------------------------------
Nunca me gustó pisar las veredas , entre el ruido de miles de autos y las bocinas estridentes de sus desesperados conductores. Era otoño y los árboles lucían desafiantes en ese mundo de bocinazos y motores .
Pero, como decía mi madre: - Ah , las ciudades enormes tienen muchas posibilidades que no se dan en los pequeños pueblos , guardan tanta cultura y la exponen en sus museos , bibliotecas y centros culturales. Los letreros nocturnos titilan como un universo de infinitas estrellas . Sus avenidas amplias
como interminables ríos plateados.
La gente caminaba pensativa y ensimismada . quien sabe en qué recóndito pensamientos. Parecen robot , con sus rostros fríos sin ver quien a su lado pasa o viene en sentido contrario a su andar.
Sin embargo no todo es un esquema de ciudad con seres de hielo .
Lo vi en un rincón , su ropa raída y sus manos elevando el arte como un Miguel Argel . Desconocido , ignorado por el mundo, por su patria , en fin por todos. Entonces una ráfaga de historias no divulgadas me asistió cono un grito de los que nunca tuvieron voces ., ni nombres reluciendo en los periódicos y revistas del arte.
Y vi un sinnúmeros de genios anónimos y volví mi mirada a ese señor bajito sentado y haciendo magia con sus pinceles .No pude ser otro caminante indiferente a mi alrededor .
Me detuve, lo miré admirada por la genuina calidad de su pintura .Me sonrió y continuó mojando sus pinceles en los tarritos cargados con sus acuarelas.
Quise conocer su nombre . César, me respondió .
Pensé, es como un titulo imperial . Con su imperio de colores, el creaba un mundo . Lejos del universo de galerías de arte pero con una calidad y calidez que pondría sombras a muchos afamados pintores.
Al ver mi interés por sus obras, me contó que tenia tres apellidos : Bentos Pereyra Artigas.
Artigas , como el líder del federalismo .
Sí , me dijo , un hilo genético me relaciona con José Gervasio .
Su sencillez y su genialidad eran dos sellos de oro , que él y todos desconocían.
Una silla gastada era su atril y unos broches de la ropa sujetaban firmemente el cielo donde el pintaba .
Y la gran ciudad tenia una luz ,un brillo que nadie , nadie conoció.
Sus obras tan cabales como desconocidas estarán quizás en alguna casa de sus amigos .
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