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Los primeros relatos fantásticos nacieron antes de la primavera del 2009, aún con el aroma del invierno triturando hojas dispersadas por el viento...

Todos ellos comenzaron a brotar de modo sorpresivo dejando huellas en el papel y luego anclaron aquì, en esta pantalla que tu lees...

Stella Maris Taboro

Relatos fantásticos te dan la bienvenida......

Donna dentro nelle storie...Noviembre 2009




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jueves, 8 de noviembre de 2012

AQUEL RANCHO




Aquel rancho

La tarde caía con su extenso horizonte rojo. Desde el campo, se veía hermoso ese morir del sol.
Un rancho con alero se recortaba contra el horizonte.
Nadie se había acercado en años a ese lugar. Muchos hablaban de una historia tan dramática como misteriosa que se tejió en su interior. Juan, que galopaba cerca de aquella casa con techo de pajas, sabía de esos comentarios tan divulgados en el pueblo.
Primero dudó, pero juntó coraje y enfiló hacia el rancho.
Ya el anochecer se anunciaba. Una enorme y transparente luna, apenas asomaba en el Este.
A una hora de viaje a caballo estaba el pueblo donde vivía Juan.
En su hogar estaba su madre, una anciana de mirada profundamente celeste y triste. Solía levantarse muy temprano y mirando las últimas estrellas de la noche, para conversar cada mañana, les contaba penas que nadie conocía.
Juan ya se estaba acercando al misterioso rancho. El caballo levantó sus patas delanteras, como mala señal y el jinete casi cae sobre los altos yuyos que cubrían el lugar. Difícil fue para Juan sostener las riendas de su cabalgadura. Una miríada de murciélagos parecía vigilar el rancho.
Pero el joven no se asustó y con su poncho intentó espantar a esos guardianes alados. Luego, bajó de su caballo y entró al rancho. Allí se estremeció viendo una etérea figura de mujer que flotaba como nube blanca y que se esfumó saliendo por la ventana.
Juan, aún aturdido por lo que vio, decidió quedarse allí y aguardar. La luna llena con su intenso brillo pareció volver día a la noche. El campo se veía plateado y las flores de cardo salpicadas de rocíos agregaban cierto extraño encanto.
Apenas despuntada el alba, Juan se refregó los ojos. No podía creer, esa blanca, casi transparente figura de mujer, volvía al rancho.
¿Era un alma que no descansaba? ¿Quizás una hechicería? ¿Qué representaba ella? Preguntas que se hacía, sin hallar respuestas.
Volvió a su casa y contó a su madre lo que había vivido aquella noche. La anciana estalló en llanto. Entonces, ella le contó a su hijo lo que sólo confiaba a las estrellas.
Aquella figura era su hija muerta, que no quiso seguir viviendo al saber que su madre se oponía férreamente a su gran amor.
Desde entonces, ella vaga desde aquel rancho y sin paz sale en las noches buscándolo a él, a ese amor que le prohibieron.


1 comentario:

Gladys Taboro dijo...

Misterioso relato...Cuántas parejas habrán pasado por situaciones parecidas, tan injustas, tan tremendas...

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